Como aprender un nuevo idioma



La diferencia importa más que la distancia. La distancia entre nada y algo es pequeña. Pero la diferencia es infinita.

Los snobs acostumbran a hablar sobre hacer la diferencia. Son muy fans de lo que se puede combatir con perlas como “si no eres parte de la solución, eres parte del problema”.

Discutiblemente tienen razón. Si la tienen significa que tu solución parcial cuenta: tu más-que-cero cuenta. Tu algo cuenta.



Por lo que nunca tendrías que sentirte pequeño porqué tu contribución sea pequeña. No tiene que ver con la distancia, tiene que ver con la diferencia.

Es la diferencia lo que cuenta. Pequeño cuenta. Un poco cuenta. Uno cuenta. Medio cuenta. Menos de uno cuenta. Es sólo cero que no cuenta. Es sólo cero que no puede contar.

Si tienes en cuenta la diferencia el tiempo la distancia se acortará por ti.
La distancia es una chica grande. Es una mujer fuerte e independiente. No te preocupes por ella, se puede cuidar de sí misma. Preocúpate de la diferencia. Es la diferencia lo que cuenta. Es la diferencia lo que necesita tu atención.



Esto es lo que es maravilloso de la vida: Todas tus acciones –y no acciones– tienen consecuencias.

Normalmente esta idea es usada como un hilo. No como una manera juguetona, sino usada de manera venenosa y siniestra.

Pero podemos sacar el veneno, y cuando lo hacemos; nos queda el increíble y profundo hecho de que ninguna de tus acciones carecen de significado, porque todas causan un cambio en (perdonad para ponerme innecesariamente cósmico) el universo. Incluso una gota en el océano causa una ola. Cualquier cosa que haces crea una diferencia, incluso si éste efecto es pequeño, cada acción, cada tic, cada guiño, cada respiro en el videojuego de la vida te da experiencia.

Respirar es un buen ejemplo. No compararás tu respiración con la de la otra gente (tal vez si eres músico…); no te sientes celoso porque “mira los pulmones de ése tío”.

Aprender un idioma es como respirar

La diferencia importa más que la distancia. La distancia entre nada y algo es pequeña. Pero la diferencia es infinita.

Los snobs acostumbran a hablar sobre hacer la diferencia. Son muy fans de lo que se puede combatir con perlas como “si no eres parte de la solución, eres parte del problema”.

Discutiblemente tienen razón. Si la tienen significa que tu solución parcial cuenta: tu más-que-cero cuenta. Tu algo cuenta.

Por lo que nunca tendrías que sentirte pequeño porqué tu contribución sea pequeña. No tiene que ver con la distancia, tiene que ver con la diferencia.

Es la diferencia lo que cuenta. Pequeño cuenta. Un poco cuenta. Uno cuenta. Medio cuenta. Menos de uno cuenta. Es sólo cero que no cuenta. Es sólo cero que no puede contar.

Si tienes en cuenta la diferencia el tiempo la distancia se acortará por ti.
La distancia es una chica grande. Es una mujer fuerte e independiente. No te preocupes por ella, se puede cuidar de sí misma. Preocúpate de la diferencia. Es la diferencia lo que cuenta. Es la diferencia lo que necesita tu atención.

Esto es lo que es maravilloso de la vida: Todas tus acciones –y no acciones– tienen consecuencias.

Normalmente esta idea es usada como un hilo. No como una manera juguetona, sino usada de manera venenosa y siniestra.

Pero podemos sacar el veneno, y cuando lo hacemos; nos queda el increíble y profundo hecho de que ninguna de tus acciones carecen de significado, porque todas causan un cambio en (perdonad para ponerme innecesariamente cósmico) el universo. Incluso una gota en el océano causa una ola. Cualquier cosa que haces crea una diferencia, incluso si éste efecto es pequeño, cada acción, cada tic, cada guiño, cada respiro en el videojuego de la vida te da experiencia.

Respirar es un buen ejemplo. No compararás tu respiración con la de la otra gente (tal vez si eres músico…); no te sientes celoso porque “mira los pulmones de ése tío”.

Lo más importante es que no te saltas respiros porque “éste no cuenta”, o “cojo tan poco aire cada vez que respiro… ¿para qué hacerlo?”, o “no tengo tiempo para esta maldita función biológica ahora, estoy ocupado, respiraré luego”.

Y no te sientas en el sofá al final del día recuentas los respiras diciendo “esos fueron respiros malos… Tengo que trabajar en ello… Mierda; No puedo con la presión; Voy a parar de respirar hasta que aprenda a hacerlo bien”.

No miras cuanto aire vas a respirar este año, dividir tu capacidad pulmonar y desesperarte por lo que no puedes llenar. No, porque estás suscrito a la revista del respiro. No estás intentando de “sacártelo de en medio” para volver a la vida “real”. No es un castigo y no son unas vacaciones; esta allí. Y es maravilloso. Es jodidamente maravilloso.

Aprender un idioma. Respíralo

Cuando la lengua que estudias acaba siendo cómo el aire que respiras, pequeño saltamontes, está allí. En todas partes. Como su pelo, está en todas partes. Chillando infidelidades y taponando la bañera. Respiras en ella, un poco cada vez. Simplemente lo vives. Es parte de la vida. Una parte de ti. No estamos separados del aire, aunque nos gusta pensar que lo estamos. Cuando vamos al espacio o debajo del agua, tenemos que llevarla con nosotros, de lo contrario el viaje es corto y áspero. Es parte de nosotros y nosotros somos parte de ella.

La lengua que estudias como el aire que respiras. Y no tienes que respirarlo todo de golpe. Está bien exhalar pero no inhales de nuevo pronto, es la idea de la frecuencia critica.

Aprender un idioma, estudiarla como el aire que respiras. No te emborrachas de aire. No dejas de respirar a los seis meses y después lo vuelves a hacer durante una semana. Morirías. Y del mismo modo lo haría ésa lengua, metafóricamente. Volverías a empezar unos pasos bastante más atrás. Esta la idea de agua hirviendo.

Respira. Ahora. No más tarde. No la semana que viene. No cuando lo tengas todo montado y los planes nuevos lleguen. Ahora. Respira. Comodamente. Sin prisas.

Por esto digo que aprender idiomas es como respirar. Preocuparse de la distancia más que de la diferencia es el clásico error de la gente que no hace nada. Los que se aguantan la respiración y los asesinos de niños que dejan sus proyectos morir. Perfeccionistas y personas de este tipo son las que les importa tanto saber cuánto les queda que acaban olvidando la diferencia.

La distancia entre nada y algo es pequeña, pero la diferencia es infinita. Alguien puede estar cercano a cero, pero no tiene nada que ver con estar a cero completamente.

Es suficiente que estudies la lengua que decidas. Estás marcando la diferencia. No hagas las cosas complicadas intentando hacer un muy buen trabajo tampoco. Es la ironía del proceso. Como más importante sea para ti, menos necesitas preocuparte, menos importante hacer cada movimiento. Porque habrán decenas de miles de movimientos los cuales no te puedes quedar colgado –como respiros, a la que te acabas de uno, ya estás trabajando en el siguiente. Si sabes que respiras, despreocúpate de hacerlo.



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